Sin importar que la Delegación Oriente de la Condusef se encuentre cerca de los rumbos Centralabasteros del metro Coyuya, me descolgué a una cita agendada a las 9:00 AM. Ya en el cuarto piso, al presentarme, las caras de los dependientes se transformaban cuando les decía que venía a cita directamente con "El Ingeniero"… Aunque la cita la llevó en realidad "La Licenciada Brenda", "El Ingeniero" me habló por teléfono al inicio de la cita para disculparse por no haber llegado, pues había tenido una emergencia hospitalaria la noche anterior.
Buen detalle del Ingeniero, pues a pesar de encontrarse fuera de la oficina, puso manos a la obra y me pidió que le narrara los hechos, mientras hacía preguntas puntuales sobre mi narración: "¿Cargas siempre tu chequera Juan Pablo? ¿La recogiste tú personalmente en el banco? Dime la verdad Juan Pablo, ¿Tú personalmente contaste los cheques de tu chequera al recibirla? ¿Dónde estabas de viaje? ¿Desde cuándo?…" Al finalizar la plática, habló con la Licenciada Brenda para señalarle dos o tres anotaciones que debían constar en el acta de reclamación que redactaba mientras yo narraba los hechos a El Ingeniero, se despidió de ambos por el "speaker" y yo seguí la cita con La Licenciada Brenda.
Honestamente no me puedo quejar. Dada la situación, el simple hecho de saber que hay un camino que recorrer, con la esperanza de volver a ver mi saldo como lo había dejado, me comenzó a dar ánimos, pero el ánimo venía también de otra parte: Me sentí tratado como persona. No sé si fue por haber ido "con palancas" (algo me dice muy dentro que posiblemente sí), pero me senté con personas que al menos me hicieron sentir que querían que mi problema se resolviera… Más allá de que tuviera o no razón, en algún momento de esa cita, el problema de Los Cheques se convirtió en una serie de acontecimientos que podían terminar en una u otra resolución, pero el problema de "ser escuchado", por más cursi y estúpido que se pueda escuchar (valga la redundancia!), sí se resolvió.
Y ese sentimiento de resolución surgió allí, ese día hace ya casi dos meses, en el Oriente de la Ciudad, en el cuarto piso de un edificio cerca del metro Coyuya, donde la Licenciada Brenda recopiló eficientemente las copias de La Resolución y las copias de Los Cheques, e hizo alarde de sus 90 o 100 golpes por minuto, redactando ella misma el escrito que iniciaría mi expediente, tomando puntualmente en cuenta las observaciones que El Ingeniero le señaló por teléfono.
Preguntas rápidas, ¿sí ó no?, golpes de teclas, confirmación de cifras, ¿348?, ¿95,375.00?, golpes de teclas, ¿Juárez Badillo es compuesto?, golpes de teclas…
En menos de veinte minutos yo era libre de seguir mi día. Me despedí de la amable Licenciada Brenda y salí de Condusef con una copia de mi expediente en las manos, que ostentaba un consecutivo recién salido del horno, sonriente y dispuesto a esperar los veinte días hábiles que me pronosticaron para la respuesta… Y la respuesta me la dieron hace quince días:
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B*n*mex alega ahora que la firma sí es correcta. |